Otra vuelta del Tour Gastronómico en DOC, Minoliti y Don Rogelio

Por Natalia Torres

Ya en octubre del año pasado, la zona de barrio Rogelio Martínez había recibido a los paladares curiosos del Tour Gastronómico. Los restaurantes Don Rogelio, DOC y Minoliti extendieron una alfombra de aromas y sabores que desembocó en una aventura deliciosa que pedía ser repetida.

Así, el más reciente Tour, que ocupó la noche del 24 de abril pasado, cumplió con el que probablemente era un anhelo de varios de los fieles a la experiencia: regresar al vecindario que se extiende a los pies de la Ciudad de las Artes. Esta vez, el trío de establecimiento a visitar era el mismo, pero con las tareas cambiadas: DOC ofrecería la entrada, Minoliti el plato principal y Don Rogelio el postre.

El aire cálido inusual de esa última semana de abril hacía que el marco nocturno fuera un espejo de aquella noche de octubre. Y en DOC esperaba una dosis fría de champagne que le venía de pelos a la temperatura ambiente, además de una serie de bocados que dibujaron una entrada de sabores delicados y variados.

Entrada. Bien se puede decir que la mano de Martín Flores, el chef de DOC, no es sólo diestra sino también estética. Una especie de preciosista gastronómico, Flores llena sus platos de pequeños detalles que van bordando sabores compuestos casi como un tapiz bordado.

La principal muestra, sin duda, fue una de las tapas que sirvió en la primera parte de su ofrecimiento gourmet: un pequeño roll de masa crocante relleno de ciervo ahumado y perfumado con ciboulette y tomates cherrys, de suaves sabores en balance delicado y efectivo. Se sumaron una porción de salteado de portobellos y conejo en reducción de echalote, más un canapé que cruzaba la polenta frita con el calamar a la plancha.

Entrada en DOC (Natalia Torres Fotografía)

Entrada en DOC (Natalia Torres Fotografía)

Cerrando la entrada, la terrina de pollo con salame de la Colonia, acompañada por zapallitos y salsa de pimiento rojo, apareció con una ejecución tan lograda que Martín se vio acosado por un coro que buscaba los secretos detrás del plato.

Entrada en DOC (Natalia Torres Fotografía).

Entrada en DOC (Natalia Torres Fotografía).

Principal. Como bien lo sugiere su fachada, la de una casa de familia convertida en restaurante solo por obra y magia de un cartel, Minoliti tiene una propuesta que busca apuntar a las raíces de la mano de pastas unidas a salsas contundentes.

Tres de esas propuestas eran las que esperaban pasar por los tenedores de los asistentes al tour. La primera, una jugada clásica que funciona en cualquier cancha: fetuccini a la bolognesa.

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Luego siguieron los ñoquis, acompañados con salsa cremosa de hongos, y los ravioles de espinaca con “salsa María”.

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Así, el triple plato central fue de menor a mayor, con el último llevándose todos los aplausos. Es que el sabor de la espinaca fresca, sumado a la panceta y el perejil de la salsa, pedía la rendición instantánea y sin condiciones.

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Minolitti (Natalia Torres Fotografía).

Pero antes de irnos, hubo un golpe maestro, con una formación de vasitos de lemoncello casero que aparecieron en la mesa para despedir al contingente. La caminata hacia el último destino de la noche, así, vino como santo remedio para varios.

Postre. Entrar a Don Rogelio produce una sensación similar a la de un abrazo. Las maderas, los objetos retro y la iluminación en un punto de brillo justo, posan sobre la cabeza del visitante una bienvenida cálida.

Igual de acariciadores resultaron los postres que la gente del restaurante presentó como cierre de la experiencia. Para compartir, se repartían en la mesa porciones de tiramisú (el mejor de la tanda, con una sabrosa unión de los sabores del queso crema y el café), budín de pan y dulce de cayote, delicias que encastraban perfectamente con el espíritu familiero de las pastas de la “estación” anterior.

Don Rogelio (Natalia Torres Fotografía).

Don Rogelio (Natalia Torres Fotografía).

Y así, mientras el reloj pasaba la medianoche, acompañando el lento apagar de los dulces sabores, las copas de vino rosé se alzaron por última vez para despedir un nuevo buen recuerdo anclado a ese barrio que el Tour Gastronómico ya casi recorre como una casa propia.

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