Tour Gastronómico 2013: Paseando en bar, El Arrabal y La Cova del Drac

Pensaba que Córdoba no era un sitio de milongas. Más de una vez, cuando hablaban del “San Telmo cordobés” en Güemes me reía por dentro. El arrabal de Córdoba lo imagino más pegado al cuarteto, a los carritos de chori y a la cargada futbolera en los barrios más alejados del centro. Pero, como suele ocurrir, mi pensamiento era más chiquito de lo que había imaginado.

En la calle Belgrano al 900 conocí dos milongas separadas por pocas baldosas, y un bar oscurísimo, ideal para esos momentos ideales que suceden en los bares. Fue en un nuevo Tour Gastronómico, organizado por Mis Fotosecuencias y Circuito Gastronómico, con los compañeros habituales y otros nuevos con la mismas ganas de salir a mirar Córdoba como si fuéramos turistas.

Entrada. La primera etapa del encuentro fue en un bar que nunca había advertido perdido entre los puestos de artesanos que, en la noche del miércoles se dejaba encontrar fácil, sobretodo por sus luces.

Paseando en bar

Paseando en bar

Como pueden ver en las fotos, la decoración de Paseando en bar es su fuerte. Las velas, los colores y las lámparas de hilo llamaban la atención en una penumbra agradable para cenar. En el patio, algunas parejas daban sus primeros pasos de tango siguiendo a una esbelta morocha de vestido azul ceñido, los infaltables tacos y cabello lacio y negro, en una cola de caballo que le daba autoridad.

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Ya en las mesas comimos una tabla sencilla: jamón cocido, queso, salame, aceitunas y pan casero tostado. Algunas empanaditas de jamón y queso completaron la picada. Cerveza o gaseosa. Creo que fue la primera vez en la historia de estos paseos que habíamos terminado la comida y aún quedaban 10 minutos de “estancia” en el lugar.

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Principal. Salimos hacia El Arrabal tropezando con el oscuro paseo, al tiempo que planeábamos con quien sentarnos en la próxima mesa. Allá nos esperaba una milonga ya en pleno funcionamiento, más gente, amplio rango de edades, tacos de todos los colores y mucho estilo; parejas de hombre-mujer, u hombre con hombre tratando de seguir el ritmo.

El Arrabal.

El Arrabal.

En la mesa, un vino cabernet sauvignon de Las perdices, cosecha 2010 y escabeche de verduras, acompañado de panes, galletas y otras cosas ricas en la panera. Pero la espera fue muy breve, o se pasó volando, ya que tuve la suerte de sentarme en la punta de la mesa, con los bailarines muy cerca a plena danza.

El primer plato: saltimboca de carne de ternera rellena con verduras y muzzarela, con salsa cremade albahaca y papas crocantes. Delicioso, en la porción justa, a mi entender, aunque con mucha pimienta para mi paladar.
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El segundo fue una osadía que me encantó y rescato como el punto más alto de este paseo: medallón de ave en reducción de jengibre, miel y banana, con guarnición de soufflé de brócoli. Por las caras en la mesa supe que este plato debe haber dividido las aguas. De hecho, vi algunos tenedores cruzados sin terminarlo. Para mí fue tan extraño como rico.


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“¿Quién tiene Facebook?”, fue el diálogo que se coló en nuestra mesa y nos hizo sonreír con picardía. No venía de algún participante del tour, sino de un canoso bailarín que en la pista buscaba extender el baile en las redes sociales y quedar de acuerdo para la próxima. Me encantó El Arrabal, quiero volver y bailar (¿con estos zapatos, por ejemplo?).

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Ya fuera del local, satisfechos pero aún pudiendo respirar (esto no pasa seguido en estas salidas!!!), leímos la programación del local e hicimos tiempo para ganar algo de hambre para el postre.

Final. Pera en reducción de chablis perfumada con anís estrellado, rellena con crema americana, acompañada de infusión de té azul (que no era azul) y rulos de naranja, era una de las opciones, y budín de pan (hecho con medialunas, según los mozos) con crema, era la segunda.

La Cova del Drac

La Cova del Drac

Elegí la primera opción por ser más ligh…JAJAJAA! y un mojito (la otra opción era gin tonic). Me pareció adecuado como final y correcto. Me habían hablado muchísimo de La Cova del Drac, respecto a su coctelería, y la verdad es que la barra impresiona (cientos de botellas apiladas de todas las marcas), pero no probé nada que me permita decir que hay marcada diferencia con otros lugares de la zona.

Hay poquísima luz, las fotos lo demuestran, y una decoración cargadita, como para pararse vaso en mano a mirar en detalle. La charla se prolongó un rato más después del postre, y una cerveza Imperial stout fue el cierre.

Nuevos conocidos, nuevos sabores, y la sensación de redescubrir la ciudad, esa que me gusta tener de vez en cuando 🙂

¿Qué opinan los que fueron? Y los que no, ¿les hubiera gustado participar?

One Comment
  1. Me encanta lo que hacen en los tours gastronómicos y quiero implementarlo aqui en República Dominicana. Tienes alguna recomendación básica para iniciar. AL menos tengo una pregunta: ganan dinero con estos tours o lo hacen sin ánimo de lucro.
    Te invito a que leas mi trabajo en http://www.bocatips.com también te animo a que me sigas en Facebook, instagram, Twitter, Pinterest y Foursquare, siempre como @bocatips.

    Gracias adelantadas y felicidades

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