Córdoba Gourmet, descuentos y actividades para el sector gastronómico

La Muni presentó su plan de acción para posicionar a Córdoba como un polo turístico gastronómico anunciando descuentos en restoranes y muchas actividades.

El intendente de Córdoba, Ramón Mestre, cocinó en Mercado Central.

El intendente de Córdoba, Ramón Mestre, cocinó en Mercado Central.

 Anoche, entre copas de champú, vino y cerveza, algunos canapés, empanadas, humitas y arroz chaufa, la Municipalidad de Córdoba presentó en el delicado restó de Güemes Mercado Central las acciones que tiene previstas para este año para posicionar a Córdoba como una ciudad turística fuerte en su gastronomía.

Atentos foodies, porque la Muni anunció eventos para estos días, adelantó que la Semana Gourmet será en mayo y lanzó la campaña “Noche de miércoles” para promover los polos gastronómicos de la ciudad. Sigue leyendo

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Oda a la aceituna

Osas despreciar ese fruto del olivo que tantas veces agracia el paladar con su presencia. ¿A caso ustedes nunca vistieron unos insulsos fideos con aceite de oliva? ¿Nunca le agregaron colorido a la mesa con una aceituna rellena con morrones?

Por qué discriminarlas en una picada, por qué separarlas de la derretida muzzarela que chorrea de una pizza para mandarlas a morir, cruelmente, a la cajita del delivery, a la tabla, o un blanco plato de porcelana de algún restó moderno.

Aceitunas discriminadas en un Tour Gastronómico.

Aceitunas discriminadas en un Tour Gastronómico.

¿Acaso las aceitunas están condenadas a la discriminación? Sigue leyendo

Bonaqua, el agua mineral de Coca Cola

Bonaqua, el agua mineral de Coca Cola
Bonaqua.

Bonaqua.

Coca Cola de Argentina presentó Bonaqua, su primera agua mineral natural que nace en las Sierras de Córdoba. ¡Y nos invitaron a probarla!

El encuentro fue en el salón La Angelina el pasado jueves 8 de noviembre. Allá estuvimos con algunos colegas blogueros y pudimos conocer de cerca cómo es la campaña de promoción de la nueva marca.

Según nos contaron, Bonaqua se envasa en la planta de Embotelladora Coca-Cola Andina Argentina (ruta 19), y requirió una inversión de más de 120 millones de pesos en tecnología alemana de última generación para su línea de llenado ultraclean y equipamientos de microfiltración. “Esta tecnología garantiza la máxima pureza sin modificar la composición mineral del agua”, dice Coca Cola.

Envase novedoso. Los envases de Bonaqua utilizan menos plástico. El envase Eco-Flex y el concepto de “Dale la vuelta” a tu botella de Bonaqua tiene su origen en Japón: en el año 2009 The Coca-Cola Company desarrolló el concepto para su marca I Lohas, un agua mineral con un envase ultraliviano, con menos plástico y más flexible que invitaba a los consumidores a darle un twist para luego reciclarlo.

Este innovador envase y concepto luego fue extendiéndose internacionalmente llegando a Latinoamérica en el año 2010 en México, extendiéndose luego a otro países de la región como Ecuador (2011) y Brasil (2012).

Diego Torres y Bonaqua.

Diego Torres y Bonaqua.

Lo que das, vuelve. La campaña de Bonaqua se basa en la creencia popular del círculo virtuoso que busca movilizar así emociones positivas y brindarlas a quienes nos rodean, dice Coca Cola.

Por eso aparece Diego Torres cantándole al agua, para darle buena onda 😛


Bonaqua se presenta en versiones con y sin gas, en envases de 500 ml, de 1,5 y 2 litros y en botellas de vidrio para bares, confiterías y restaurantes.

Sabores de primavera en Rogelio Martínez: Don Rogelio, DOC y Minoliti

Pasó el cuarto Tour Gastronómico y no será fácil de olvidar. Platos de estación, cocina de autor y vinos frescos para dejarse maravillar en el inicio del sur de la ciudad. Sigue leyendo

Semana Gourmet: un viaje al mundo del sabor en el Azur Real

Salimos a cenar y dejamos Córdoba, la dejamos muy lejos. Irse no fue tan complicado, nos tomó unas cuatro cuadras desde la playa de la calle Maipú, a donde dejamos el auto, hasta la puerta de entrada del hotel boutique Azur Real. A nuestras espaldas quedó la tenue calle San Jerónimo y el bullicio céntrico que casi nunca quiere descansar. Ahí nomas, las primeras escaleras, otra puerta de vidrio y el distanciamiento definitivo de esta ciudad. Entramos buscando un plato de comida en la Semana Gourmet y nos llevamos un viaje.

Llegamos a la recepción y nos indican que restorán está en la parte de arriba: “Suban hasta la terraza y crucen el puente de vidrio”. El Azur Real es un laberinto de espacio y tiempo, y las idas y vueltas de las escaleras parecen sacadas de un dibujo de Escher. Finalmente llegamos. Cuarto piso, puente de vidrio, puerta de madera. Teníamos una reserva para las 21, éramos cuatro y la mesa estaba preparada. ¿Dónde estábamos? ¿en una gran ciudad europea? ¿Roma, París? No sé, pero seguro que ya no en el lugar donde habíamos dejado el auto.

La intención era probar el plato ganador del Torneo Córdoba Cocina 2012 que se servía ayer como parte del programa de la Semana Gourmet. Sólo pedimos la carta de vinos y nos sentamos a esperar fascinados con el lugar. Un restorán chiquito de cálida madera, música suave, libros, cuadros y flores. Unos pingüinos guardados en unos estantes, asilados, a los que hubiésemos invitado sin problema a que nos hagan compañía en nuestra mesa. Mientras esperábamos los platos, el tiempo se discurría en charlas amenas con nuestros amigos. Unos dos brindis porque sí, porque brindar levanta el alma. A nuestra derecha, una charla en italiano. Dos mesas ocupadas en todo el salón.

En ese ambiente extraordinario el tiempo desapareció, y sin poder precisar si esperamos un minuto o una hora, llegó la entrada: Flan de choclo en crujiente de queso de cabra, crema de calabaza y sus semillas en praliné, acompañado con coulis picante de tomate y morrón.

Espuma. Eso parecía. El flan era una espuma deliciosa que se desbarataba en el paladar y que con la crema de calabaza formaba un dúo perfecto. Para tanta suavidad, el crocante de queso de cabra entraba duro como el “Chiqui” Pérez en el fondo del área de Belgrano en el paladar, y eso hacía que cada cucharada sea más sabrosa. El praliné de semillas de calabaza, crocante, duró un suspiro. El picante de tomate y morrón, en su medida justa. Delicioso. Dejamos toda paquetería de lado, había que limpiar esos platos con pan.

Antes de que llegara el plato principal entró al restorán Lucas Cámara, de Encontraté en hebras, y charlamos unos minutos mientras reprimíamos nuestra ansiedad por la llegada de más comida, y nos contó que para la carta del hotel diseñó una infusión, el blend Azur.

Momento de sensaciones intensas, el plato principal: Hojaldre de cabrito cocido al barro, reducción de malbec, mollejas laqueadas, arena de morcillas, salsa criolla, cristal y espuma de papas.

Para qué arruinar con demasiadas palabras tremendo sabor. Un plato colorido por las tres cucharadas de la salsa criolla (exquisita), que rodeaban a la vedette de esa porcelana blanca: el cabrito en hojaldre. Ahora sí, felicidad. Personalmente, me gusta que todos los elementos de un plato estén calientes. La morcilla y el puré (de una consistencia espesa y muy sabroso) se sirven fríos, choca en los primeros bocados, pero después en el paladar se pueden distinguir bien los sabores. Le pido perdón a mis arterias, pero tengo que probar esas mollejas. ¿Dónde está mi copa de Malbec? ya tengo una razón más para brindar esta noche.

Con dos platos, a punto de quedar satisfechos, nos queda un lugarcito para el postre. La cocina del restorán del Azur Real está en subsuelo. De las escaleras, lo primero que se veía cuando la moza subía eran los platos en sus manos, una cadencia que los cuatro festejábamos cuando la comida se empezaba a asomar.

Postre: Bavarois de praliné acompañado de tierra de chocolate, aire de dulce de leche, salsa ganache de arrope de chañar y crocante de dulce de leche.

Bavarois de praliné ¡qué rico! Una bocha que parecía helado pero más sólida. Un sabor típico de la peatonal ¿quién no le compró alguna vez praliné a los puesteros que están en la paradas de colectivos de la Catedral? Para poner alguna referencia, de gusto es parecido al Mantecol, pero en la boca la consistencia es más agradable, cremoso, adictivo. Quiero más. Los marrones que rodean la bocha son complementos ideales.

Risas, anécdotas, sabores y buena compañía. Una noche para no olvidar. Se terminó la comida, se acabó el vino. Antes de salir recorrimos algunos recovecos del precioso hotel boutique. Cierto que estamos en Córdoba. Esperaba cruzar la puerta de entrada del hotel y ver una ciudad brillante afuera, gente, luces, calles anchas, otro idioma y rumbear con destino incierto para después volver a mi habitación. No. Afuera seguía la tenue San Jerónimo, con su asfalto ondulado y desgastado por el peso y el paso de los colectivos. No importa, ya sé que cuando me quiera escapar están las escaleras del Azur Real, un lugar de cualquier parte del mundo, pero que está en esta ciudad.

Panty, la espera y el hambre

Hay situaciones en la vida que hacen que las comidas más simples tengan el sabor del más delicioso plato que jamás hayamos probado.

Esto nos ocurre muchas veces, sobre todo cuando no desayunamos y pasamos horas sin comer, cuando hacemos mucho ejercicio o cuando estamos en escenarios que nos obligan a ingerir pocos alimentos.

Todo esto produce algo que se llama hambre, sentimiento que de pronto vuelve rústico al más refinado paladar.

Volviendo al tema de los escenarios, hay dos en los que he estado y que me han hecho probar cosas simples que sabían deliciosas.

El primero de ellos es estar de campamento. Odio el arroz, pero en medio de la montaña, al quinto día de estar moviéndome de acá para allá y comiendo cualquier cosa, un simple arroz hervido me ha resultado una de las cosas más ricas que he probado.

Por último, la situación que más hambre me generó en el los últimos días, para ser más preciso ayer, fue estar en la puerta del Zoo de Córdoba desde las 10 hasta las 15.30 montando guardia periodística, esperando que encuentren a Panty, la pantera que se escapó de su jaula.

Cerca del mediodía, quienes estábamos en la puerta del zoo levitábamos del hambre que teníamos, hasta que la puerta verde de ingreso al zoológico se abrió y salió personal de ese paseo. Lo que más esperábamos era que nos dijeran que habían encontrado a Panty, pero no salieron con esa noticia.

Tremenda bandeja de sándwiches de jamón y queso con pan lactal traían en sus manos, suficiente para calmar a las fieras que afuera ya no tenían de qué hablar y clamaban por algún dato de peso.

Un simple sandwichito ¡qué rico que estaba! Una de las delicias que he probado en lo que va del 2010. “Ahí les traemos algo de gaseosa, chicos”, dijo una de las personas que entraba y salía del Zoo. No recuerdo que en alguna cobertura nos hayan tratado así ¿lo merecemos?

Con eso tiramos hasta las 15.30. Igual, Panty no apareció. Hoy, jueves 7 de enero, la seguían buscando. Salud, Panty. Esperamos que estés bien y que no te agarre hambre, porque nosotros podemos llegar a ser tu delicioso manjar.

Juan

UPDATE: ¡¡Apareció Panty!!

Sabores de verano en chala

El verano despierta esas ganas de andar y recorrer. Muchos tienen esta pulsión escapista presente todo el año, y otros, simplemente, son viajeros estivales. Me considero del primer grupo, y esta vez, empujado por el finde largo, el destino elegido fue Traslasierra.

Pasando Nono, empieza una ruta de sabores y olores inolvidables. Las localidades de Las Rosas, Travesía, San Javier y Yacanto, La Población, Luyaba y La Paz, esconden una explosión de aromas que distraen todos los sentidos.

A la tarde, el olorcito a leña mezclado con yuyos serranos empieza a despertar el apetito, el que se intensifica apenas baja el sol, cuando en el ambiente se mezclan particulas de algún guisito, asado, pizza, empanadas y pan casero.

Casi al pie del Champaquí, se encuentra San Javier, un pueblito muy pequeño pero muy pintoresco. Allí, bajo el gigante de Córdoba, apenas contorneado por el intenso titilar de las estrellas en esa parte del mundo, se sirve una humita en chala muy sabrosa.Humita en chala

El olor a choclo desborda y se escapa de la vaina que lo encierra. Cuando el plato llega a la mesa está con la temperatura justa, así que, cuchara en mano, no queda más que empezar a saborear esta deliciosa humita.

La mezcla tiene pedacitos de morrones, unos daditos de queso fresco, algunas cebollas y un poco de tomate. El resultado es fantástico y el sabor es muy suave, por lo que uno se queda con ganas de más. Cuidado los golosos, ya que la humita cuesta sólo 7 pesos.

Quita Penas se llama el restaurante donde sirven este manjar, y está ubicado a una media cuadra de la plaza de San Javier, cruzando el puente que lleva hacia Yacanto. El mozo que atiende en el lugar es muy amable, y el parrillero que se encarga de los cortes de asado tiene toda la onda. Un lagar para volver y decir: “¡Deme dos!”.

Juan

Lo nuevo ¿siempre brilla?

Sábado a la noche. La excusa para juntarse con los amigos era la comida: un platazo de Chow Main en un restaurante del Cerro de las Rosas y ya no quedaba aliento para mucho más.

Por el calor, uno de los comensales propuso: “Vamos a tomar un helado a la nueva Creambury que está sobre la Núñez”, y hacía allí dirigimos nuestros estómagos, todavía con capacidad para un poquito más.

Nos sorprendimos gratamente cuando entramos a la nueva heladería, que tiene más de pub o restó que cualquier comercio del rubro: música electrónica de fondo, cuatro LCD detrás del mostrador, mesas y sillones amplios (dentro y fuera del local).

Con ilusión, y casi saboreando un delicioso helado, pedimos la carta. Variada: tragos con alcohol, gaseosas, cafés y, obvio, helado (los cucuruchos se piden en el mostrador). Hicimos el pedido: un Baileys coffee (con helado), un daiquiri de frutilla y una capellina con helados de chocolate y pedacitos de bizcochuelo.

La primera desilusión. Tuvimos que esperar cerca de 20 minutos para que nos traigan nuestro pedido. Los mozos son muy amables, pero no daban abasto para atender a todas las mesas. Sólo había tres para todo el lugar.

Nos tuvimos que levantar para preguntar qué pasaba con lo que habíamos pedido. “Es que estamos esperando las frutillas”, contestó el chico que nos atendió. “¡Uh!, por lo menos el daiquiri va estar increíble”, pensé.

¡Al fin! Después de mucho esperar llegaron las cosas. A la vista, todo parecía fantástico, pero el paladar opinó todo lo contrario: el Baileys ¡estaba caliente! El daiquiri corrió la misma suerte, y peor aún, no tenía frutillas.

Resultado: nuevamente levantarse, esta vez para pedir hielo porque los tragos de la heladería no estaban fríos.

Pero, en lo que a helado respecta, la capellina de chocolate estaba deliciosa. El helado era cremoso, pero no relajaba. Muy rico.

Por último, pedimos la cuenta para irnos porque ya hacía sueño. Otra vez, 10 minutos esperando el mozo. Nos levantamos y fuimos a pagar a la caja. ¡Dios! 10 minutos esperando por toda la gente que estaba haciendo fila.

Cuando nos dieron el ticket nos dimos cuenta que nos estaban cobrando algo que no habíamos pedido, así que tuvimos explicarle a la cajera que nos estaba cobrando mal. Pagamos y de nuevo a esperar porque no había cambio.

“Chicos, acá está el vuelto y disculpen las molestias”, nos dijo la chica de la caja con una sonrisa desdibujada.

El lugar está muy lindo pero la atención no se destaca para nada ¿será porque inauguraron hace poco? Habrá que volver para comprobarlo. No todo lo nuevo siempre brilla.

Ya tenemos Subway (no el que quiere Giaco)

No se trata del medio de transporte, sino de la afamada sandwichería. Por marketing, por haberlo visto en alguna película hollywoodense o una serie yankee, esta clase de alimentos siempre llama la atención.

La consigna de este local es que cada uno se arme un sándwich a su gusto. Primer dilema: ¿pan de 15 o 30 centímetros? Obvio, el de 30. Luego a elegir el tipo: de oregano parmesano, blanco, avena dulce o integral.

Elegiste el tamaño, el pan… ahora los ingredientes. Hay variedad: atún, carne y queso, pavo, pollo teryaqui, jamón crudo, y sigue la lista. Después la verdura, los condimentos y a comer. Lo más rico y recomendable: agregarle un adicional de queso a tu mega sándwich.

Yo pedí un Subway de 30 centímetros con pollo teryaqui. Rico y llenador. Después de un largo día de caminata, el sándwich alcanzó para no comer por un par de horitas.

A todo esto lo probé en Mendoza y volví a Córdoba con la idea de hacer algún comentario sobre este local. Lo primero que vi cuando regresé fueron los carteles de “Subway ya está en Córdoba”.

Prueben estimados comensales, amantes del fast food. Para matar el hambre en tres pasos está rico.

Primero fue Mc Donals, siguió Burger King y ahora Subway ¿para cuándo Starbucks? Por ahora, hay que conformarse con Star Bars, frente a las Capitalinas.