Si sos devoto de la milanesa, al menos una vez en la vida tenés que peregrinar a Tucumán. Y no es una exageración, es que hay algo en el Jardín de la República que las hace únicas.
Puede haber un debate sobre si la mejor empanada está en Salta, Jujuy o Tucumán. Esa opción no existe cuando hablamos de milanesas. Los tucumanos han dominado el arte de esta típica comida argentina con maestría, delicadeza y devoción.
Dicho esto, los sándwiches de milanesa en Tucumán están al mismo nivel, pero para encontrar uno que se destaque siempre es mejor rodearse de amigos locales para que te guíen hacia ese bendito lugar donde consideran que se come lo mejor de lo mejor.
Así llegamos al templo del sándwich de milanesa: Los Eléctricos. Los tucumanos hacen fila paciente y ordenada en la puerta de este bar al igual que los porteños la hacen para comer pizza.

El olor a milanga frita se percibe desde la puerta. Enamora, pero uno ahí ya se cuestiona cuánto es prudente esperar por un asiento para comer un sándwich. Unos 15, 20 minutos. ¿Media hora? Lo que te toque esperar esperalo porque vale la pena.
El camino del sándwich de milanesa
Entrar a Los Eléctricos es como entrar a la fábrica de Chocolates de Willy Wonka: toda una línea de producción a la vista para sacar sándwiches de milanesa sin parar.
Al fondo de todo está la persona que pasa la carne por unos rodillos para dejarla finita, tierna y enorme. Toda la noche dele a girar de la manivela sacando una mila tras otra, que luego pasan al proceso de empanado.
Ahora, si lograste conseguir un banquito en la barra ovalada del centro del local, llegaste a donde ocurre la magia. Al corazón de Los Eléctricos. Allí hay un gran disco con aceite bien caliente donde se fritan las milangas.
Ojo, que es un gran disco pero no entran más de dos o tres milas por vuelta, como dijimos, son enormes. El cocinero las mete con una pinza, las bellas milanesas empiezan su nado en el aceite, y al toque, con la pinza las da vuelta y ya casi están listas para salir.

Cuando el cocinero terminó las milangas las deja a un costado, para que un ayudante las troce y las pase al próximo ayudante que previamente preparó el pan con lechuga, tomate, mostaza, mayonesa y la salsa picante.
A algunos tucumanos les gusta el sándwich de mila con jamón y huevo. Los devotos de este plato dicen que es mejor sólo con lechuga y tomate, para que no se pierda el sabor de la milanesa.
Si estás viendo todo esto, a esta altura ya necesitás un babero. Es que ves sándwiches que salen y salen y parece que el tuyo nunca llega. Hasta que te toca no esperás tanto tiempo, pero ver tanta mila junta hace que el reloj se mueva más lento.
Tu paladar está en el Edén milanesero
¡Ah, chango! Es difícil de describir el sabor de estos sándwiches cuando llegan a tu boca. Es felicidad, alegría, sorpresa. El pan es suave, no es esa baguette que te pincha el paladar.
Cada sándwich tiene una milanesa entera, con los pedazos encimados. Qué delicia. El rebozado no se despega de la carne, se han fundido en comunión en un sólo producto: una milanesa deliciosa y súper tierna.

La mostaza, la mayonesa y el picante van complejizando cada bocado en el paladar. Te dan ganas de vivir alimentándote sólo a sándwiches de mila. O al menos pedirte otro.
¿Con qué maridamos todo eso? (Sí, usé la palabra maridar). Los tucumanos dicen que ni con cerveza ni con vino. Al éxtasis milanesero se llega con gaseosa Mirinda de manzana. Y en la religión de la milanesa hay que tener fe y probar. Es milagroso lo bien que se lleva esta combinación en la boca.

Con un sándwich de mila de Los eléctricos está más que bien para salir satisfecho. Si te tocó estar en la barra, vas a salir perfumado con eau de milanais frit y muy feliz.
Si sos feligrés de la milanga sin duda tenés que peregrinar a Tucumán y adorar los sándwiches de milanesa del templo Los Eléctricos.