“Las mejores empanadas salteñas de Cafayate están en La Casa de las Empanadas”. Así nos recomendaron varios amigos antes de viajar a Salta.
Pronto encaramos hacia el bodegón que estaba justo a la vuelta de nuestro hotel y a una cuadra de la plaza principal, atractivo clave de esta población de los Valles Calchaquíes.
La Casa de las Empanadas tiene la rusticidad típica de las peñas: mesas de hierro, caminos de mesa de aguayo como mantel, copas petisas y servilletas de papel.
La magia sucedió cuando apareció cuando el mozo y trajo la bandeja de empanadas.

En nuestra visita de junio estaba vigente una promoción insuperable: una docena de empanadas (del sabor que quieras) y una jarra de torrontés Domingo Hermanos a $ 340. “¡Traiga dos promos!”, nos apuramos a pedir.
En grupo de siete personas y con hambre de todo el día pedimos más que esas dos docenas y fue porque nos tentamos con un par de empanadas recomendadas que leímos en sitios de viajeros.

La empanada apodada “Turca” con tomate, roquefort y ajo, fue la reina de la noche. Le siguió la “Carnaval“, que no era nada más y nada menos que una suave caprese (tomate, queso y albahaca), y finalmente, la de choclo (no humita, sino choclo).
Las empanadas de carne obligaban a comer cerca de la mesa y el plato que chorreaban jugos de cocción bien calientes. ¡Qué más podíamos pedir!
A mitad de la cena un músico empezó a cantar canciones a pedido y después pasó la gorra. Como ritual de despedida, dejamos nuestra firma en las paredes que ya todos tatuaron con su nombre.

Al otro día y antes de irnos hacia otro paseo, volvimos a pecar: pedimos una docena más de La Casa de las Empanadas para llevarnos lo más rico de Cafayate hasta en el último mordisco.
Tenemos que agendar e ir!