La vaca entera que hizo Aram Lange en El Gran Vidrio

La vaca entera que hizo Aram Lange en El Gran Vidrio

La apertura de la Semana Gourmet fue a lo grande, con un “asadazo”, como se suele decir. Es que el chef Aram Lange cocinó una vaca entera en el restaurante El Gran Vidrio, usando la técnica de Francis Mallmann, con una estructura parecida a un mástil y muchas, muchas horas de paciente espera frente a las brasas.

Calor y olor a humo se desprendieron en igual medida del fuego que tuve la oportunidad de observar en dos visitas al restaurante, una al mediodía y otra cuando caía la tarde y previo a que se sirviera el plato.

Para hacer esta comida criolla tan particular (y nada fácil, estoy segura), se construyó también un horno especialmente y en él Tomasino cocinó los panes donde se sirvió el asado.

El sandiwichito de tamaño generoso incluía verduras gritadas: cebolla en aceto balsámico, zapallitos verdes, tomate y rúcula. Una deliciosa combinación con la carne caliente y con bordes doraditos de grasa, tan rica que no llegué a sacarle una foto 😛

Aquí les dejo algunas fotos que pude tomar durante el evento

Mi nota en Día a Día

Y un video con algunos momentos más divertidos

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Francis Mallmann en Vorterix

Francis Mallmann

Francis Mallmann (facebook.com/francisjmallmann)

El cocinero Francis Mallmann (uno de los gurúes para este blog) habló con Mario Pergolini en Vorterix y contó cosas que nunca antes había dicho. Como que en su juventud fue un rebelde y enamorado de la música, que se fue a Estados Unidos tras ese sueño.

También dijo que la cocina es un oficio y que él es muy sencillo para comer. Contó que usa camisón para dormir y que fumó desde los 13 a los 18 años, y ahora sólo consume habanos de vez en cuando.

Un fragmento de esa charla imperdible:

Cocinar es hacer algo rico con lo que tenés en casa en 20 minutos, y no es imposible, dice Mallmann, que también recordó sus inicios en Francia con muy poca plata, a lo Ratatouille.

Confeso optimista, el cocinero dice que fue al colegio hasta séptimo grado y es un estudioso autodidacta, que le encanta leer. Ha ido muchas veces a locales de comida rápida porque tiene cinco hijos y ha probado vinos exclusivos, de los que sólo se fabrican 500 botellas.

Nota: los cortes un poco bruscos se deben a mi precaria grabadora de sonidos en la PC 😛 

Me regalaron los libros de Narda Lepes y Francis Mallmann

¡Qué buen regalo! Con esta frase no quiero herir susceptibilidades, sobretodo porque se trata de un obsequio hecho para compartir.

El pasado domingo 5 de junio llegué a la cornisa de los 30 y me regalaron -entre otras cosas hermosas y que no merezco- dos libros de cocina excepcionales: Siete Fuegos y Cocinar y pasarla bien.

Libros de cocina

"Siete fuegos", de Francis Mallmann y "Comer y pasarla bien", de Narda Lepes.

Francis Mallmann está loco. Sencillamente entierra alimentos, los atraviesa con varas, se come un asado con tortas fritas, deja quemar los tomates y se regocija en el gustito a chamuscado que adquieren los alimentos. Me encanta.

Por su parte, Narda elabora una teoría bien terrícola sobre cómo los alimentos cambiaron debido a la necesidad comercial de vender lo mismo todo el año, y cómo eso influye en que comamos lo mismo siempre, afectando nuestra dieta y salud. La teoría de la mandarina, que ella menciona, resume el espíritu del libro: llano, útil, con vocación de estar enharinado en un cajón de la cocina.

En cambio, Siete fuegos se presenta como un objeto de diseño exquisito, pasta de biblioteca (en los primeros anaqueles, para que se vea) y un tremendo desafío para cocineros inexpertos, como yo.

Dice Francis -al final del libro- que sus siete fuegos se pueden reemplazar con ciertos sartenes, planchas y cacerolas de hierro fundido, pero que saben mejor las chapas de campamento y las maderas duras para hacer el fogón.

En el comienzo de su volumen, en cambio, Narda arma una cocina básica, con aquellos utensillos que todos debemos tener y en hojas siguientes elementos que un “avanzado” cocinero puede adquirir. “El que tiene un chino, sabe de lo que habla”, cito casi textualmente.

Con sus diferencias, ambos libros representan para mí una alegría y un divertimento asegurado para los días en que pueda dedicarme a cocinar.  A su manera, y cada uno con sus códigos, dan las claves para “no fallar” en el plato que estamos preparando.

Admiro la poesía de Francis, la sencillez de Narda para decir lo que piensa; me gusta la cocina enclavada en una montaña de la Patagonia, pero también la de una visita al supermercado con los consejos que da Lepes para saber qué comprar, cuándo y revisando qué aspectos.

En síntesis, dos li-bra-zos y ENORMES regalos. Sobretodo porque quienes me los dieron serán los que más disfruten 😉