Asado con cuero en el club de San Isidro

“Vengan que el domingo hay asado con cuero en el club y encargué dos porciones”, decía el mensaje de texto.

Allá fuimos, con poca expectativa pero mucha curiosidad. Al llegar, prendimos la cámara de los celulares y buscamos al asador, recordando la rica experiencia de la vaca asada entera en el Gran Vidrio, pero justo lo encontramos en el momento más esperado por todos los que rondaban la zona. La vaca estaba lista y había que sacarla del fuego y empezar a repartir el manjar.

La vaca, lista para hincarle el diente.

La vaca, lista para hincarle el diente.

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La vaca entera que hizo Aram Lange en El Gran Vidrio

La vaca entera que hizo Aram Lange en El Gran Vidrio

La apertura de la Semana Gourmet fue a lo grande, con un “asadazo”, como se suele decir. Es que el chef Aram Lange cocinó una vaca entera en el restaurante El Gran Vidrio, usando la técnica de Francis Mallmann, con una estructura parecida a un mástil y muchas, muchas horas de paciente espera frente a las brasas.

Calor y olor a humo se desprendieron en igual medida del fuego que tuve la oportunidad de observar en dos visitas al restaurante, una al mediodía y otra cuando caía la tarde y previo a que se sirviera el plato.

Para hacer esta comida criolla tan particular (y nada fácil, estoy segura), se construyó también un horno especialmente y en él Tomasino cocinó los panes donde se sirvió el asado.

El sandiwichito de tamaño generoso incluía verduras gritadas: cebolla en aceto balsámico, zapallitos verdes, tomate y rúcula. Una deliciosa combinación con la carne caliente y con bordes doraditos de grasa, tan rica que no llegué a sacarle una foto 😛

Aquí les dejo algunas fotos que pude tomar durante el evento

Mi nota en Día a Día

Y un video con algunos momentos más divertidos

¡Lindo día para comer un asado!

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Y sí, la excusa siempre está. Esa comida que reúne a miles de carnívoros en la mesa dominguera de todo el territorio nacional, tiene sus secretos. Hay mil formas de prepararlo y mil maneras de degustarlo, por eso siempre hay parrilladas para todos los gustos.

Sin duda que es una comida especial, aunque le clavemos el tenedor a ese cuadril jugosito, por lo menos, una vez por semana. Por lo general, al gusto se lo da el contexto. En familia, con amigos, en el campo… en fin, son muchas las variables que determinan el sabor de un asado. Incluso con qué lo acompañamos ¿vino, coca o ferné? Cada uno elige la bebida de acuerdo al gusto y la situación.

Este asado, en particular, tiene un doble sabor. Tuve el placer de comerlo un miércoles a las 14 mientras realizaba una nota en Bialet Massé. Frenamos en una parrillada al lado de la ruta, era el momento justo para parar un rato, y bajo un tibio sol primaveral con las sierras predominando el paisaje, esperamos la comida.

Mucha ansiedad, esa que solo el hambre puede generar, hizo que el asadito no llegara más, hasta que el mozo trajo una montañita de carne en un diablito.

¡Momento de comer! Ése, fue uno de aquellos instantes en los que el mundo se detiene y uno está ahí, frente al plato, disfrutando cada bocado, acompañado del “tssss, tssss”, que se escuchaba en la parrilla que estaba sobre la mesa.

Primero, como marca la tradición, fue el chori y la morcilla (manjar). Luego, había para elegir: cabrito, costillitas de cerdo, costillas, chinchulines, molleja, vacío. Muy grasosas las costillas y un poco dura la carne, de lo peorcito de esta parrillada. La molleja se desarmaba y el cabrito… un amor.

Creo que lo más sabroso de esta comida fue lo inesperado: era un miércoles cualquiera y terminó con un asadito en las sierras. Como dije, los contextos son los condimentos de los alimentos. Fuera de esto, estuvo rico.

Parrillada para dos personas, ensalada y gaseosa, panza llena y la cuenta: ¡75 pesos! Corazón contento.