Luneta con jamón y queso en Mayu Sumaj

Esta medialunita fue adquirida en la estación de servicio YPF que está cerca del puente de la avenida San Martín en Villa Carlos Paz. Ante la pequeñez de las facturas existentes, pensamos en algo que nos llenara un poquito más… y de verdad no dimensionamos lo enorme del refrigerio.

La medialuna, que se llama “luneta” según la etiqueta, más grande que hayamos conocido *


Con sabor parecido al pan dulce y rellena de jamón y queso. Una delicia que costó $ 9,50 y que tranquilamente pueden compartir entre tres.

Escuchar el canto del río San Antonio y el olor “a campo” en una playa desierta de Mayu Sumaj, un miércoles a las 19.30, son condimentos extra de sabor que vale la pena agregar a la receta 🙂

* la medialunita es comparada con una zapatilla talle 41

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1º Celebración del Vino y Regionales en Villa Giardino

El sábado 9 de enero, a las 20,30 se llevará a  la 1º Celebración del Vino y Regionales en Villa Giardino.

Con la entrada, que cuesta $10, se regalará una tabla y también se podrán comprar productos regionales para disfrutar la picada. Prometen variedad de salames, quesos, aceitunas, escabeches, empanadas, dulces, licores, tortas, chocolates… y gran variedad de vinos.

También se podrán comprar para llevar dichos productos como así las obras de 20 artesanos seleccionados, en cuero, plata, telar, madera y vidrio.

Habrá degustación de vinos mendocinos, música y ballet folklórico y se podrá practicar tiro al arco.

La fiesta se realizará en “Yanquén”, Caseros 210 de Villa Gloria (Ruta 38, km. 60).

Entrada
$ 10. Los menores de 10 años, gratis.

¡Lindo día para comer un asado!

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Y sí, la excusa siempre está. Esa comida que reúne a miles de carnívoros en la mesa dominguera de todo el territorio nacional, tiene sus secretos. Hay mil formas de prepararlo y mil maneras de degustarlo, por eso siempre hay parrilladas para todos los gustos.

Sin duda que es una comida especial, aunque le clavemos el tenedor a ese cuadril jugosito, por lo menos, una vez por semana. Por lo general, al gusto se lo da el contexto. En familia, con amigos, en el campo… en fin, son muchas las variables que determinan el sabor de un asado. Incluso con qué lo acompañamos ¿vino, coca o ferné? Cada uno elige la bebida de acuerdo al gusto y la situación.

Este asado, en particular, tiene un doble sabor. Tuve el placer de comerlo un miércoles a las 14 mientras realizaba una nota en Bialet Massé. Frenamos en una parrillada al lado de la ruta, era el momento justo para parar un rato, y bajo un tibio sol primaveral con las sierras predominando el paisaje, esperamos la comida.

Mucha ansiedad, esa que solo el hambre puede generar, hizo que el asadito no llegara más, hasta que el mozo trajo una montañita de carne en un diablito.

¡Momento de comer! Ése, fue uno de aquellos instantes en los que el mundo se detiene y uno está ahí, frente al plato, disfrutando cada bocado, acompañado del “tssss, tssss”, que se escuchaba en la parrilla que estaba sobre la mesa.

Primero, como marca la tradición, fue el chori y la morcilla (manjar). Luego, había para elegir: cabrito, costillitas de cerdo, costillas, chinchulines, molleja, vacío. Muy grasosas las costillas y un poco dura la carne, de lo peorcito de esta parrillada. La molleja se desarmaba y el cabrito… un amor.

Creo que lo más sabroso de esta comida fue lo inesperado: era un miércoles cualquiera y terminó con un asadito en las sierras. Como dije, los contextos son los condimentos de los alimentos. Fuera de esto, estuvo rico.

Parrillada para dos personas, ensalada y gaseosa, panza llena y la cuenta: ¡75 pesos! Corazón contento.