Meriendas de verano


Acá va un top five personal de meriendas de verano, que someto a votación y sugerencias, pero que estoy segura nadie rechazaría en estos días de calorón:

1. Licuado/jugo de naranja y tostados
2. Cindor y criollitos
3. Tereré con galletitas
4. Picada de fiambres, quesos y aceitunas con una cervecita
5. Helado (porque toda hora es buena para comer helados)

¿Con cuál se quedan?

Ceci

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Lo nuevo ¿siempre brilla?

Sábado a la noche. La excusa para juntarse con los amigos era la comida: un platazo de Chow Main en un restaurante del Cerro de las Rosas y ya no quedaba aliento para mucho más.

Por el calor, uno de los comensales propuso: “Vamos a tomar un helado a la nueva Creambury que está sobre la Núñez”, y hacía allí dirigimos nuestros estómagos, todavía con capacidad para un poquito más.

Nos sorprendimos gratamente cuando entramos a la nueva heladería, que tiene más de pub o restó que cualquier comercio del rubro: música electrónica de fondo, cuatro LCD detrás del mostrador, mesas y sillones amplios (dentro y fuera del local).

Con ilusión, y casi saboreando un delicioso helado, pedimos la carta. Variada: tragos con alcohol, gaseosas, cafés y, obvio, helado (los cucuruchos se piden en el mostrador). Hicimos el pedido: un Baileys coffee (con helado), un daiquiri de frutilla y una capellina con helados de chocolate y pedacitos de bizcochuelo.

La primera desilusión. Tuvimos que esperar cerca de 20 minutos para que nos traigan nuestro pedido. Los mozos son muy amables, pero no daban abasto para atender a todas las mesas. Sólo había tres para todo el lugar.

Nos tuvimos que levantar para preguntar qué pasaba con lo que habíamos pedido. “Es que estamos esperando las frutillas”, contestó el chico que nos atendió. “¡Uh!, por lo menos el daiquiri va estar increíble”, pensé.

¡Al fin! Después de mucho esperar llegaron las cosas. A la vista, todo parecía fantástico, pero el paladar opinó todo lo contrario: el Baileys ¡estaba caliente! El daiquiri corrió la misma suerte, y peor aún, no tenía frutillas.

Resultado: nuevamente levantarse, esta vez para pedir hielo porque los tragos de la heladería no estaban fríos.

Pero, en lo que a helado respecta, la capellina de chocolate estaba deliciosa. El helado era cremoso, pero no relajaba. Muy rico.

Por último, pedimos la cuenta para irnos porque ya hacía sueño. Otra vez, 10 minutos esperando el mozo. Nos levantamos y fuimos a pagar a la caja. ¡Dios! 10 minutos esperando por toda la gente que estaba haciendo fila.

Cuando nos dieron el ticket nos dimos cuenta que nos estaban cobrando algo que no habíamos pedido, así que tuvimos explicarle a la cajera que nos estaba cobrando mal. Pagamos y de nuevo a esperar porque no había cambio.

“Chicos, acá está el vuelto y disculpen las molestias”, nos dijo la chica de la caja con una sonrisa desdibujada.

El lugar está muy lindo pero la atención no se destaca para nada ¿será porque inauguraron hace poco? Habrá que volver para comprobarlo. No todo lo nuevo siempre brilla.