Receta de empanadas cordobesas para el 6 de julio

Una mesa de cumpleaños para celebrar a Córdoba sabe mejor si se hace con productos bien cordobeses. Para eso consultamos a la chef Paula García Payer, miembro del equipo de cocina del Azur Real Hotel Boutique que, junto a sus compañeras Yesica Banzi y Carla Martelli, ganó la semana pasada el Torneo Córdoba Cocina 2012, donde se premiaron a los mejores platos regionales.

“El maíz, los morrones, el maní, la algarroba y el cabrito, son algunos de los alimentos típicos de Córdoba”, cuenta Paula. Sigue leyendo

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¿Qué comeremos en el avión?

Los que viajan en primera clase, tienen algo de margen para decidir qué van a comer o beber durante un vuelo. Los que vamos en económica, especulamos sobre la sorpresa que puede deparar el snak o el servicio de cena o almuerzo en el aire.

Así fue que en ese vuelo de LAN, de Córdoba a Lima (Perú), el paquetito verde y azul lleno de flecos se llevó las miradas ansiosas de todo el mundo.

Era nada más y nada menos que un bombón bañado en chocolate, no apto para gente que censure su golosería. Práctimanente del tamaño de un huevo, y todito de dulce de leche. ¡Bomba!

Lo que se ve al lado es un sandwich de jamón y queso con una capa de ricota con espinaca. Parece más rico de lo que en realidad era.

Lo nuevo ¿siempre brilla?

Sábado a la noche. La excusa para juntarse con los amigos era la comida: un platazo de Chow Main en un restaurante del Cerro de las Rosas y ya no quedaba aliento para mucho más.

Por el calor, uno de los comensales propuso: “Vamos a tomar un helado a la nueva Creambury que está sobre la Núñez”, y hacía allí dirigimos nuestros estómagos, todavía con capacidad para un poquito más.

Nos sorprendimos gratamente cuando entramos a la nueva heladería, que tiene más de pub o restó que cualquier comercio del rubro: música electrónica de fondo, cuatro LCD detrás del mostrador, mesas y sillones amplios (dentro y fuera del local).

Con ilusión, y casi saboreando un delicioso helado, pedimos la carta. Variada: tragos con alcohol, gaseosas, cafés y, obvio, helado (los cucuruchos se piden en el mostrador). Hicimos el pedido: un Baileys coffee (con helado), un daiquiri de frutilla y una capellina con helados de chocolate y pedacitos de bizcochuelo.

La primera desilusión. Tuvimos que esperar cerca de 20 minutos para que nos traigan nuestro pedido. Los mozos son muy amables, pero no daban abasto para atender a todas las mesas. Sólo había tres para todo el lugar.

Nos tuvimos que levantar para preguntar qué pasaba con lo que habíamos pedido. “Es que estamos esperando las frutillas”, contestó el chico que nos atendió. “¡Uh!, por lo menos el daiquiri va estar increíble”, pensé.

¡Al fin! Después de mucho esperar llegaron las cosas. A la vista, todo parecía fantástico, pero el paladar opinó todo lo contrario: el Baileys ¡estaba caliente! El daiquiri corrió la misma suerte, y peor aún, no tenía frutillas.

Resultado: nuevamente levantarse, esta vez para pedir hielo porque los tragos de la heladería no estaban fríos.

Pero, en lo que a helado respecta, la capellina de chocolate estaba deliciosa. El helado era cremoso, pero no relajaba. Muy rico.

Por último, pedimos la cuenta para irnos porque ya hacía sueño. Otra vez, 10 minutos esperando el mozo. Nos levantamos y fuimos a pagar a la caja. ¡Dios! 10 minutos esperando por toda la gente que estaba haciendo fila.

Cuando nos dieron el ticket nos dimos cuenta que nos estaban cobrando algo que no habíamos pedido, así que tuvimos explicarle a la cajera que nos estaba cobrando mal. Pagamos y de nuevo a esperar porque no había cambio.

“Chicos, acá está el vuelto y disculpen las molestias”, nos dijo la chica de la caja con una sonrisa desdibujada.

El lugar está muy lindo pero la atención no se destaca para nada ¿será porque inauguraron hace poco? Habrá que volver para comprobarlo. No todo lo nuevo siempre brilla.