Tarta de verduras sin cebolla

Una discusión bizantina: ¿es rica la comida sin cebolla?

La cebolla es parte fundamental de la comida de un buen grupo de gente (no diré la mayoría porque no hice ningún estudio) y en mi paladar eso representa un problema. A decir verdad, el problema más que físico (la presencia de la cebolla en la comida) es de urbanidad, puesto que a mí no me molesta apartar toda cebolla visible del plato que estoy comiendo, pero a algún chef esto le parece una afrenta.

De manera que vivir en un mundo sin cebolla se torna complicado si hablamos de la vida en sociedad (?) De puertas adentro, son innumerables los platos que he logrado elaborar sin cebolla y con amplia aceptación de los comensales, se enteren o no de esta ausencia.

Así que este domingo de nevada en Córdoba hice una tarta de verduras muy saludable (sin frituras, aceites o cremas) y aprovechando distintas cocciones de verduritas que había en la heladera. Los ingredientes son pocos y económicos, a saber:

– 1 masa de tarta light (nuestra tarta no tendrá tapa)
– 3 zapallitos verdes
– 1 atado de acelga
– 1/2 calabacita
– 100 gramos de queso por salut
– 2 huevos (uno crudo y otro cocido)
– 2 sobres de caldo de verduras light
– 1 cucharada de semillas de sésamo

Los zapallitos y la calabacita fueron rebanados en rodajas finas y cocidos en el microondas, alrededor de 10- 15 minutos cada uno en potencia máxima. No quedan desechos, sino casi crocantes, ya que terminarán de cocinarse en el horno. La acelga fue hervida en abundante agua sin sal.

Separada en recipientes distintos y una vez frías, sazoné las verduras con el caldo (no lleva sal extra) y distribuí el huevo crudo y batido en las mezclas de zapallitos, y en la de acelga. A esta última le agregué el huevo duro. Mientras, a la calabacita hecha puré le agregué el sésamo.

Armado. La masa de tarta debe estar crocante antes de agregar los ingredientes húmedos, para lo cual la precociné en el horno a mínimo unos 10 minutos, y otros 5 en el piso del horno.

Sobre la base de masa coloqué primero la mezcla de acelga, y luego la de calabacita. Encima, rebanadas finas de queso por salut (no hace falta mucha prolijidad en este punto). Arriba de todo, la mezcla de zapallitos y algunos trocitos más de queso.

Una vez armada, la tarta va a horno mediano por 20 minutos, o hasta que se doren los bordes de la masa. El resultado es una comida rica, que se puede acompañar con ensaladas, donde se perciben los sabores de cada verdura, porque tienen muy poca sal.

El que la pruebe, me dice si le hizo falta cebolla 😛

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Me regalaron los libros de Narda Lepes y Francis Mallmann

¡Qué buen regalo! Con esta frase no quiero herir susceptibilidades, sobretodo porque se trata de un obsequio hecho para compartir.

El pasado domingo 5 de junio llegué a la cornisa de los 30 y me regalaron -entre otras cosas hermosas y que no merezco- dos libros de cocina excepcionales: Siete Fuegos y Cocinar y pasarla bien.

Libros de cocina

"Siete fuegos", de Francis Mallmann y "Comer y pasarla bien", de Narda Lepes.

Francis Mallmann está loco. Sencillamente entierra alimentos, los atraviesa con varas, se come un asado con tortas fritas, deja quemar los tomates y se regocija en el gustito a chamuscado que adquieren los alimentos. Me encanta.

Por su parte, Narda elabora una teoría bien terrícola sobre cómo los alimentos cambiaron debido a la necesidad comercial de vender lo mismo todo el año, y cómo eso influye en que comamos lo mismo siempre, afectando nuestra dieta y salud. La teoría de la mandarina, que ella menciona, resume el espíritu del libro: llano, útil, con vocación de estar enharinado en un cajón de la cocina.

En cambio, Siete fuegos se presenta como un objeto de diseño exquisito, pasta de biblioteca (en los primeros anaqueles, para que se vea) y un tremendo desafío para cocineros inexpertos, como yo.

Dice Francis -al final del libro- que sus siete fuegos se pueden reemplazar con ciertos sartenes, planchas y cacerolas de hierro fundido, pero que saben mejor las chapas de campamento y las maderas duras para hacer el fogón.

En el comienzo de su volumen, en cambio, Narda arma una cocina básica, con aquellos utensillos que todos debemos tener y en hojas siguientes elementos que un “avanzado” cocinero puede adquirir. “El que tiene un chino, sabe de lo que habla”, cito casi textualmente.

Con sus diferencias, ambos libros representan para mí una alegría y un divertimento asegurado para los días en que pueda dedicarme a cocinar.  A su manera, y cada uno con sus códigos, dan las claves para “no fallar” en el plato que estamos preparando.

Admiro la poesía de Francis, la sencillez de Narda para decir lo que piensa; me gusta la cocina enclavada en una montaña de la Patagonia, pero también la de una visita al supermercado con los consejos que da Lepes para saber qué comprar, cuándo y revisando qué aspectos.

En síntesis, dos li-bra-zos y ENORMES regalos. Sobretodo porque quienes me los dieron serán los que más disfruten 😉

Cómo cocinar huevos en el microondas

Soy novata en esto de usar el microondas. En mi casa nunca hubo y no parecía necesario hasta que llegó (al hogar paterno y al dpto también). Por eso toda cocción ahí es un experimento y una caza de mitos sobre qué se puede y que no hacer dentro del hornito blanco.

Los huevos estaban entre las dudas. ¿Cómo cocinarlos dentro del horno sin que estallen? Bueno, en un bazar del centro encontré este utensillo que es plástico y tiene la forma exacta para contener a dos huevitos crudos dentro. La tapa reproduce la forma cóncava pero tiene un huequito pequeño en la parte superior.

Según el folleto se demora 50 segundos cocinar un huevo. Yo los miré pasado ese tiempo y les faltaba bastante. Con 50 segundos más estuvieron a punto, y al sacarlos, las yemas todavía jugosas pero cocidas. ¡Excelente! Y sólo por 9.90 pesos.

Rosca de Pascua casera

Como cumplí una parte importante de las tareas pendientes de la semana, me disponía a brindarme un enorme placer: cocinar. Dada la fecha, incursioné en la Rosca de Pascua. Y el intento dio buen material para el blog y una lección: NO TODO LO HECHO A OJO SALE BIEN.

La primera versión de la rosca se inspiró en la receta publicada en el blog de Paula, la cocinera de Cundeamor. Pero como dormí siesta “de más” no alcancé a ir al súper y decidí hacerla con lo que había en la heladera: levadura instantánea que vencía en abril, unos 20 gramos menos de manteca, leves modificaciones y, lo peor… poco tiempo!

El resultado salta a la vista:

Totalmente indignada con el resultado: una rosca bajita y medio apelmazada *, que intenté salvar con duraznos adentro y mermelada casera arriba, fui de nuevo.

La segunda versión fue con una receta de Rosca pascual con levadura Levex, que además llevó los ingredientes en sus cantidades justas, nuevos sobres de levadura y una crema pastelera hecha por madre, que es eximia en cosas que son simples pero requieren “mano”. A mí la primera pastelera no me cuajó nunca, parecía postre instantáneo 😦 

Sumale a eso 2.30 horas para la primera etapa del levado, con la masa cubierta en polietileno, el recipiente sobre la cocina y el horno prendido suave, como para que le transmita leve calorcito. Una hora más una vez que estaba en el molde y… voilá!!!!!!!!


Súper levada, tanto que me resultó poca la pastelera encima, de modo que le puse un glaceado en frío hecho con azúcar impalpable y ron 😉 que le agregué apenas salió del horno. Lo más breve aquí fue la cocción: 25 minutos. El huevo se lo puse crudo antes de meterla al horno.

Espero que les sirva esta experiencia para sus próximas incursiones en masas. Para mí, lo más importante es darle muuuuucho rato a la levadura para que haga su trabajo. Además de resultar una masa que es un suspiro, cultiva nuestra paciencia… y podemos leer el diario o comer un asado mientras se hace.

¡¡¡¡¡FELIZ PASCUA PARA TODOS!!!!!  

Ceci

* por casa siempre hay gente dispuesta a probar los platos, salgan como salgan, ven? y así no tiramos nada.

Empanadas de carne saladas

Imagen236El repulgue lo aprendí de un viejo amigo salteño (y guitarrista, por supuesto) y la receta, a fuerza de hacer lo contrario a las recetas de mi madre y abuela.

El arranque de rebeldía vino a propósito de la necesidad de comer empanadas que no supieran a postre, sino a cena o almuerzo. Las empanadas criollas requetedulces, con pasas de uva y azúcar, agotaron los días de mi  infancia.

Así que apelando a ingredientes básicos logré unas empanadas saladas aceptables por mis amistades y familiares.

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Abuela y bisznieta repulgando

Carne molida, cebolla -blanca y verde- aceitunas, huevo duro y, como recurso extra, caldo saborizador de carne y sabor en cubos de panceta y cebolla.

El Día de la Madre hicimos competencia de empanadas con la abuela. Y si bien las suyas son más famosas y tradicionales, mis empanadas fueron las elegidas por las visitas.

Mientras la abuela le pone kilos de pimienta y pimentón a las empanadas, le agrega grasa y harina a la carbonada, y hasta las fríe en grasa, la nieta las prepara con manteca, al horno y en media hora.

Seguro en un par de años Internet evoluciona tanto que hasta se podrá probar la diferencia desde este post 😉

¡Lindo día para comer un asado!

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Dos montañas: una de asado, la otra de piedra.

Y sí, la excusa siempre está. Esa comida que reúne a miles de carnívoros en la mesa dominguera de todo el territorio nacional, tiene sus secretos. Hay mil formas de prepararlo y mil maneras de degustarlo, por eso siempre hay parrilladas para todos los gustos.

Sin duda que es una comida especial, aunque le clavemos el tenedor a ese cuadril jugosito, por lo menos, una vez por semana. Por lo general, al gusto se lo da el contexto. En familia, con amigos, en el campo… en fin, son muchas las variables que determinan el sabor de un asado. Incluso con qué lo acompañamos ¿vino, coca o ferné? Cada uno elige la bebida de acuerdo al gusto y la situación.

Este asado, en particular, tiene un doble sabor. Tuve el placer de comerlo un miércoles a las 14 mientras realizaba una nota en Bialet Massé. Frenamos en una parrillada al lado de la ruta, era el momento justo para parar un rato, y bajo un tibio sol primaveral con las sierras predominando el paisaje, esperamos la comida.

Mucha ansiedad, esa que solo el hambre puede generar, hizo que el asadito no llegara más, hasta que el mozo trajo una montañita de carne en un diablito.

¡Momento de comer! Ése, fue uno de aquellos instantes en los que el mundo se detiene y uno está ahí, frente al plato, disfrutando cada bocado, acompañado del “tssss, tssss”, que se escuchaba en la parrilla que estaba sobre la mesa.

Primero, como marca la tradición, fue el chori y la morcilla (manjar). Luego, había para elegir: cabrito, costillitas de cerdo, costillas, chinchulines, molleja, vacío. Muy grasosas las costillas y un poco dura la carne, de lo peorcito de esta parrillada. La molleja se desarmaba y el cabrito… un amor.

Creo que lo más sabroso de esta comida fue lo inesperado: era un miércoles cualquiera y terminó con un asadito en las sierras. Como dije, los contextos son los condimentos de los alimentos. Fuera de esto, estuvo rico.

Parrillada para dos personas, ensalada y gaseosa, panza llena y la cuenta: ¡75 pesos! Corazón contento.

Pan relleno

No siempre la comida saludable tiene que ser un bodrio. Lo aprendí de una colega de esas que inician la dieta el lunes y la termina el lunes por la noche, pero con la hazaña de elaborar un plato que promete ser la salvación.

El pan relleno tiene menos calorías que el carré de cerdo con panceta y miel. Y eso ya es decir light.

La receta es sencilla: preparar masa de pan con la receta que viene en los sobres de levadura instantánea Levex y forrar con ella un molde savarín o de budín inglés, cuidando que “sobre” masa hacia afuera para cerrar el pan.

Adentro puede llevar: rollitos de jamón cocido con queso fresco adentro; espinaca picada con ricotta (y un huevo para que cuaje); tomate entero (y pelado) con queso en su interior; champignones; huevo duro…

Luego se cierra el pan con la masa y se pincela con leche, para luego espolvorear queso rallado.

Una cocción suave garantizará que la masa tenga el punto justo y el queso se derrita al cortarlo… mmmh.. una delicia.

Pan relleno

Boga a la pizza

El pescado divide las aguas en la mesa. Genera amor y odio. A nadie resulta indiferente podría decirse.

Estoy del lado de los que aman el pescado, sobretodo si ha sido conseguido a fuerza de caña y reel, y de paciencia frente a un curso de agua.

En mi familia hay expertos en preparar el pescado de mil formas. La que mi hermano eligió para esta boga es bien simple: “a la pizza”, salsa roja y queso fresco, todo a la parrilla.

Huelga decir que el pescado es un plato algo “engañador”, que se digiere muy rápido y al rato genera hambre de nuevo. ¿Cómo evitarlo? Comiendose hasta la cola del ejemplar que tengamos sobre la mesa.

Boga a la pizza

Boga a la pizza